Recuerdos de Asher.
Cuando has llegado a la cima de una montaña grande y poderosa, con los músculos todavía ardiendo por la escalada, lo último que uno espera es caerse de repente.
Tener a Lola entre mis brazos, su aroma invadiéndome el cerebro y su cálido coño envolviéndome la polla, oír sus suaves suspiros y la forma en que su voz se llenaba de amor cuando aceptó ser mi esposa, era la cima más alta que jamás podría esperar alcanzar.
Hasta que unos barrotes de plata se cerraron sobre mis