Capítulo 11

Al día siguiente se repitió la tónica de aquellos días, puesto que el hijo de puta del teléfono sonó casi a primera hora de la mañana. El número era desconocido y estuve a punto de arrojar el aparato por la ventana edificio abajo al medio de la calle cuando creí que era mejor dejarlo para cuando llegara el momento indicado.

— Hola Bruck. ¿Eres Bruck, cierto?

Que

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