Capítulo 276. Solución absurda.
—¡Qué despiertes!— rugió cerca del rostro destrozado. —¡Maldit@ sea, Johan! ¡No te permito que te vayas! ¡¿Me escuchas?! ¡No te lo permito!
Lo dejó con cuidado, colocó la oreja en el lateral de su pecho sin escuchar absolutamente nada. Pero Marcelo no pensó. No tuvo tiempo para hacerlo. El mundo acababa de colapsar sobre su cabeza, pero su cuerpo se movió antes que su mente, como si algo más antiguo, más primitivo, tomara el control al no encontrar pulso en el cuello de su hijo.
El silencio en