Mundo ficciónIniciar sesión—Gracias Leo — susurró estrechando al morocho entre sus finos brazos. Leo sonrió y le dejó un besito en la coronilla.
—Esos mierdas no se meten nunca más contigo— le juró.
—Ve a descansar— pidió mirándolo a los ojos —. Ya estoy tranquila. El doctor







