—¿Llegaste?— El nudo en su voz la delató.
—Sí ¿Estás llorando?—.
—Tendré que acostumbrarme es todo— Se amonestó mentalmente, porque se supone que no iba a preocuparlo.
—También tendré que hacerlo nena, estaré pensando en ti—.
—Por favor quiero que te cuides—.
—No te preocupes por nada princesa. Tengo que irme—.
—Te amo, Alexander—.
Ella terminó la llamada primero, no iba a soportar que él no le respondiera igual, en ese momento.
Audra se preparó para irse a trabajar, cuando salió, Leonardo la e