Marco
A veces, las cosas pasan por una razón. Mi padre siempre me ha ensenado que la sangre vale mas que el oro…
Cierro la puerta de la alcoba dejando atrás el estruendo de los puñetazos de Adoratta contra el colchón. Sonrío ante la rabieta, aunque su furia me escuece en la nuca, pero el deber es un nudo que no me permite flaquear. Bajo las escaleras de la mansión en la que estamos escondidos por seguridad con el rostro hecho de piedra, ignorando el ardor de la herida en mi frente que ha empezad