Su paso había disminuido un poco, pero era consciente de que caería inevitablemente al barranco si no encontraba un punto de apoyo en algún lugar.
Más tarde no pudo saber cómo lo había conseguido, todo sucedió tan rápido que apenas se dio cuenta de nada.
De alguna manera se agarró a la raíz de un árbol, y se esforzó por sujetarse a ella. Por un momento temió que sus manos cedieran ante la presión de la velocidad y de su cuerpo, pero entonces se detuvo a unos cinco metros del precipicio. Jadea