Desde que le llevó el desayuno a la cama, Cindy no había tenido noticias de Miguel Ángel. No había llamado ni dado la cara, y teniendo en cuenta las circunstancias, se alegró. Temía que él fuera capaz de leer sus pensamientos en su cara, y así al menos no tenía que fingir.
Con sólo cuatro chicas a estas alturas, el desayuno del miércoles por la mañana fue agradablemente tranquilo.
Mientras comía sus cereales, Cindy observaba discretamente a Cloe, preguntándose si realmente podía ser que se hu