—Oh, cielos, no, no puede ser —pasó por su cabeza con horror—. No, no puede ser. Miguel Ángel no, él no haría una cosa así, seguro que tiene una explicación perfectamente inofensiva.
Con toda su vehemencia intentó defenderse de esta repentina sospecha. Pero si era honesta, tenía que admitir que había algunas cosas que sugerían que podría haber sido así. Las ominosas fotos mencionadas en el correo electrónico, el cálido abrazo de la embarazada Grace que Cindy había presenciado. El traje de neop