—Miguel Ángel, me estás haciendo daño —dijo Cindy con impotencia.
Aflojó un poco su agarre, pero sin soltarla. —Así que estoy escuchando.
Durante unos segundos le pasó por la cabeza que la situación en la que se encontraba estaba lejos de ser inofensiva. Estaba tumbada indefensa en la cama, acosada por un hombre que era casi un desconocido para ella, cuyas intenciones desconocía y en el que no podía confiar realmente debido a las circunstancias.
Se sintió mareada y estuvo tentada de levantar