Cindy se despertó porque algo le presionaba la espalda. Lentamente volvió en sí, parpadeó irritada, quiso darse la vuelta, pero el brazo que le rodeaba la cintura se lo impidió. En ese mismo momento, el recuerdo se instaló de nuevo. Cerró los ojos y se acurrucó felizmente contra Miguel Ángel, que estaba acostado detrás de ella.
—¿Qué hemos hecho? —suspiró suavemente.
—Bastantes cosas —sonrió con sueño—, ¿quieres que te lo cuente?
—No, no hace falta —murmuró ella tímidamente, sabiendo muy bie