Cuando Archi abrió los ojos de nuevo, era otro día, Martín Luna estaba a su lado
—¿Cómo estás, muchacho? ¿Cómo te sientes? —preguntó el doctor al verlo reaccionar
—Bien, mejor, ¿Qué me pasó? —dijo, aunque aún estaba adolorido
—No te muevas mucho, Archi, aun tu herida no cicatriza.
—¿Cómo están todos? —exclamó con angustia
—Hay más de cincuenta muertos, algunos heridos.
Archi bajó la mirada con pesar
—¡Malditos! ¿Cómo es que nos hallaron? —exclamó Archi
—Hubo un traidor, pero fue asesinado, ahora