Tras cinco años de práctica, Blair Díaz era todo un experto en juegos de beber. Los dos se lo pasaban bomba, captando rápidamente la atención de quienes los rodeaban.
Con tanta gente, decidieron cambiar de juego.
El primero mordía un pañuelo y los demás se turnaban para arrancárselo de la boca. Quien no pudiera quitárselo al final, perdía.
Este juego tenía un giro un tanto travieso.
Con hombres y mujeres presentes, lo que estaba en juego era quién podría soportar la vergüenza.
Los que no pudier