Lo que vieron los dos hombres era a ella apoyada contra una columna, con las mejillas enrojecidas, temblando por completo y abrazándose a sí misma con fuerza.
—¿Lucía? ¡¿Lucía?! ¿Estás bien? —intentó Daniel despertarla.
Sin embargo, la mujer mantenía los ojos cerrados, con las pestañas temblando inquietas, en un estado entre la consciencia y la inconsciencia, muy inestable.
Daniel sintió que su corazón se hundía y tocó su frente...
—¡Esto es grave! La temperatura de Lucía sigue subiendo. Si cont