Presionó el botón de reproducción: "¿Para qué crees que Amanda contrata a tantos escritores famosos cada año? Si no hubiera beneficios... gracias a los derechos de estos libros de calidad... sin necesidad de notificar al autor... quedándose todo el dinero..."
Mientras escuchaba, el rostro de Amanda se ensombrecía cada vez más. Evidentemente reconoció que quien decía estas palabras era su propia empleada.
— ¡Maldita traidora! —sus dientes rechinaron de rabia—. ¿De dónde salió esta grabación?
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