El sábado, el tiempo era agradable. A través de las gruesas nubes se filtraban rayos de sol cálido. Lucía sudó un poco durante su carrera matutina, se duchó al volver a casa, se cambió de ropa y tomó un taxi para ir a casa de Ana con la medicina que había comprado.
—Profesora, estas medicinas deben tomarse tres veces al día. Como hace frío, no es necesario guardarlas en la nevera, solo recuerde calentarlas un poco antes de tomarlas.
Ana no le temía a nada, excepto al sabor de la medicina china.