Helio le pasó la invitación: —Toma, léela tú misma.
Melissa la tomó confundida y al terminar de leer, se quedó atónita: —De verdad construyó un laboratorio...
—¿Acaso nuestra hija no es mejor que cualquier hijo? ¡¿Y aún te quejas?! ¡Hmph! Te advierto, jamás vuelvas a decir esas cosas frente a ella... ni siquiera a sus espaldas, ¿entendido?
Melissa hizo un mohín.
—¡Te estoy hablando!
—¡Ya, ya! ¡Tu hija es tu tesoro! ¡Nadie puede decir nada sobre ella!
Helio asintió satisfecho: —Así me gusta.
Esa