A finales de diciembre, Puerto Celeste recibió su segunda nevada del invierno, mucho más intensa que la anterior. Nevó continuamente durante dos días, cubriendo toda la ciudad de blanco.
En la madrugada, Lucía tocó la puerta de Daniel con cierta timidez: —Profesor... —dijo vacilante.
Daniel, aún en pijama y con el pelo revuelto, sintió un vuelco en el corazón: —¡¿Pasó algo?!
—¡No, no! —quizás consciente de lo temprano e inapropiado de la hora, Lucía se disculpó aún más avergonzada—. ¿Lo... lo de