Jorge ya estaba en el pequeño restaurante junto a la Universidad Borealis cuando Lucía y Daniel llegaron.
—Lucía, llegaste... —sonrió Jorge, con la mirada fija en ella, como si Daniel fuera invisible.
—Señor Fernández, perdón por la espera —el "señor Fernández" hizo que Daniel sonriera involuntariamente.
Jorge pareció notar recién la presencia de Daniel: —Profesor Medina, nos volvemos a ver.
—Sí, parece que el señor Fernández y yo estamos destinados a encontrarnos —respondió Daniel sin perder la