—Lo siento, no sé bailar —rechazó Lucía cortésmente.
El joven se alejó decepcionado. Cuando pensaba que eso sería todo, después de que se fue uno, apareció otro. Después de rechazar a cinco chicos seguidos, Lucía rápidamente arrastró a Talia a un rincón apartado para sentarse.
El rincón era discreto y con la tenue iluminación era difícil que llamaran la atención. Lucía suspiró aliviada, por fin algo de paz.
—Lucía, eres demasiado popular. Hasta yo quiero invitarte a bailar, jeje.
—Eso sí podría