Los ojos se encontraron y Mateo la miró profundamente: —Sabes lo que quiero.
Lucía frunció el ceño.
—Es simple, vuelve conmigo. No solo firmaré la carta de consentimiento, te daré lo que quieras.
—¡Imposible!
Su respuesta fue absoluta y tajante.
—Luci... —el hombre sonrió con amargura— Sé que en tu corazón me estás llamando sinvergüenza, pero realmente no puedo vivir sin ti... ¿Por qué no vuelves conmigo? Te prometo que de ahora en adelante solo serás tú. Todo lo que no te gusta, lo cambiaré. Da