—Vaya, Lucía, sí que has progresado —dijo la voz con sarcasmo—. Un hombre tras otro, ¿eh? Te estás divirtiendo de lo lindo. —El tono del hombre se volvió repentinamente amenazador—. ¿Quién era ese tipo? ¿Qué estaban haciendo arriba?
La sonrisa de Lucía se desvaneció. Su mano dolía por el agarre, pero no podía liberarse debido a la fuerza del hombre. Cuanto más forcejeaba, más apretaba él.
—Mateo, ¡suéltame! —exigió Lucía.
—¡Primero respóndeme! —insistió él.
Lucía frunció el ceño, aguantando el d