Salió para verificar y volvió a entrar, confirmando que sí, era su casa. El suelo gris claro estaba cubierto de huellas y basura. La gente conversaba mientras comía, tirando directamente al suelo cáscaras de semillas, pieles de frutas y envolturas. Las paredes, antes limpias, tenían marcas negras de pisadas, probablemente de algún niño travieso. El bullicio de las conversaciones hacía parecer el lugar una colmena.
Lucía miró a Carolina estupefacta. Su madre le devolvió una sonrisa resignada: "Pu