En ese momento, Lucía ya estaba en el tren de alta velocidad rumbo a Puerto Esmeralda. La abuela Fabiola cumpliría ochenta años y los hermanos Mendoza habían decidido organizar una gran celebración. Naturalmente, los nietos como Lucía también debían asistir.
La fecha se había fijado con mucha anticipación: serían tres días de festejo, y como no coincidía con días festivos, tuvo que pedir permiso en el trabajo. Ana seguía en el extranjero en una conferencia académica, y debido a la diferencia hor