—Sí.
—¿Vas a correr esta noche también?
—Sí, ¿vienes? —preguntó Daniel.
—¡Claro!
Cada uno fue a cambiarse a ropa deportiva y se encontraron para bajar juntos a correr. El sol ya se había puesto y la oscuridad comenzaba a cubrir la tierra. Cuando terminaron la primera vuelta, la luz de la luna brillaba clara y las estrellas empezaban a parpadear.
En la tercera vuelta, Lucía no pudo más—: Pro... profesor, sigue tú, yo descansaré un momento.
—¿Estás bien? —se detuvo Daniel junto a ella.
—No es tant