Carolina se quedó sin palabras.
Típico de él, alabar a otros sin olvidar incluirse en el halago.
A la una de la tarde, Daniel se preparó para marcharse. Sergio, que estaba en el balcón removiendo la tierra, al oírlo llamó rápidamente a su hija:
—¡Luci, acompaña a tu tío Danny!
Daniel tropezó ligeramente, su silueta quedándose rígida.
—¡Papá, no inventes parentescos! Profesor, lo acompaño... —dijo Lucía, levantándose apresuradamente del sofá.
—Bien —respondió él.
Mientras Lucía lo acompañaba afue