Dos horas después, Celia y Fidel salieron del centro comercial cargados de bolsas. De repente, ocurrió algo más.
—¡Ay, no! ¡Se me olvidó comprar un collar! Vamos a regresar... —exclamó Celia.
—Mamá, ¿y si lo dejamos para otro día? Tenemos tantas bolsas que ya no puedo más, estoy agotado —respondió Fidel, con las manos ocupadas y las piernas exhaustas.
—Pero... —Celia frunció el ceño, reconociendo que con tantas bolsas sería incómodo. De pronto, sus ojos se posaron en el cuello de Mercedes—. Oye,