Era una mano masculina, de dedos largos y elegantes. Lucía desvió la mirada y notó que el carrito del hombre estaba lleno de comida preparada. Al levantar la vista, se encontró con los ojos del dueño de esa mano, que también la miraba.
—No me digas que cenas solo esto —comentó Lucía con una sonrisa.
—A veces llego tarde a casa y no quiero pedir comida, así que como cualquier cosa —respondió Daniel con tono neutral—. He calculado que estos alimentos proporcionan las proteínas, vitaminas y carbohi