En la madrugada, empezó a llover fuertemente.
Mateo regresó a la mansión y estacionó el auto, pero no quería bajar.
Mirando la casa frente a él, ese lugar sin Lucía ya no podía llamarse "hogar".
Sacó un cigarrillo y lo encendió.
En el espacio cerrado, el humo quedó atrapado, sin poder dispersarse.
El punto rojo ardía entre los dedos del hombre, acompañado por el humo blanco que pronto nubló sus facciones.
Mateo estaba sumido en la oscuridad, como si fuera a fundirse con la noche.
El tiempo que t