Después de desayunar, Lucía empezó a limpiar. Después de dos semanas sin asear, había bastante polvo acumulado. Así se le fue toda la mañana.
Después de su descanso del mediodía, se preparaba para salir a comprar verduras cuando, apenas cambiada de ropa, recibió una llamada de Paula:
—Luci, ¿estás en casa?
—Sí, ¿qué pasa?
—Es que... de repente me dieron ganas de comer tu comida.
Después de tanto tiempo de amistad, Lucía supo inmediatamente que algo no andaba bien con Paula.
—¿Qué sucede? ¿Pasó a