El laboratorio seguía ocupado en junio. Lucía había trabajado sin parar durante dos semanas hasta que finalmente pudo tomarse un día de descanso.
Se levantó temprano por la mañana y apenas terminó de alimentar a los peces cuando recibió una llamada de Sergio.
—¿Ya te levantaste, Luci?
—Sí, ya estoy despierta.
—¿Por qué no duermes un poco más? Recuerdo que dijiste que hoy no tenías que ir al laboratorio, que descansarías.
—Ya me acostumbré al horario. ¿Y mamá?
—En su estudio.
—¿Escribiendo otra n