La vida de repaso era monótona y aburrida, pero Lucía se había adaptado sorprendentemente bien.
Otro día de estudio llegaba a su fin. Al volver a casa, se frotó los hombros, planeando acostarse temprano. Inesperadamente, recibió una llamada de la profesora Navarro. La profesora primero le preguntó cómo iba con sus repasos. Lucía le informó brevemente sobre su progreso. Ana no hizo más preguntas, parecía confiar plenamente en ella.
Lucía sonrió, y luego escuchó que le decía:
—Mañana temprano, ve