—¿¡De verdad!? ¿¡Es posible!? —exclamó Carmen, sin poder contener su alegría.
—Por supuesto.
—¡Acepto! La he admirado durante mucho tiempo. Ser su estudiante de posgrado ha sido siempre mi sueño.
Parecía haber olvidado por completo que acababa de salir de casa de Ana.
—Entonces está decidido. Te llamas...
—Profesora Ortega, soy Carmen Ríos, estudiante de biología de la Universidad Borealis —se apresuró a responder Carmen.
—¿De nuestra universidad? Entonces tienes buena base —Regina sonrió, asint