Miranda llegó a la empresa de su padre aquella mañana con una sensación extraña en el pecho.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había estado allí.
Apenas cruzó las puertas principales, una oleada de recuerdos la golpeó de repente.
Todo parecía diferente y, al mismo tiempo, exactamente igual.
El enorme vestíbulo, los pisos de mármol, las paredes decoradas con fotografías antiguas y aquel elegante escritorio de recepción seguían allí.
Incluso algunos empleados que llevaban años trab