Miranda observó al hombre tendido sobre la cama del hospital con el corazón latiéndole con fuerza.
Durante días había esperado que despertara, imaginando una y otra vez cómo sería ese momento.
Había pensado que, quizá, él abriría los ojos y recordaría todo lo que habían vivido juntos.
Tal vez la tomaría de la mano, le pediría perdón o, al menos, la miraría con el mismo cariño que alguna vez creyó ver en sus ojos.
Pero la realidad fue muy distinta.
Joaquín abrió lentamente los párpados y, todavía