Las palabras de Miranda cayeron como un golpe seco sobre el orgullo de Joaquín.
—¿Y qué harás ahora? ¿Tomar otro afrodisíaco para demostrar que puedes cumplir como hombre?
Su voz no fue fuerte, pero cada sílaba llevaba una carga de desprecio y decepción imposible de ignorar.
Joaquín sintió cómo la sangre le hervía. Sus ojos se abrieron con una mezcla de furia e incredulidad, mientras la mandíbula se le tensaba con fuerza.
Nunca imaginó que ella sería capaz de utilizar aquello para humillarlo. D