—¡Tenemos un papito!
Las dos niñas se abrazaron con fuerza, llenas de felicidad.
Marina apretaba la fotografía contra su pecho como si acabara de encontrar el tesoro más importante del mundo.
Mariana, en cambio, miraba al hombre de la fotografía con enorme curiosidad.
—Pero… ¿dónde está papito? —preguntó finalmente—. ¿Cómo lo buscamos?
Marina frunció el ceño.
Aquello era, sin duda, un problema.
Habían encontrado la fotografía, pero no tenían idea de dónde estaba aquel hombre.
—Tenemos que pregun