**KLAUS**
Fue un beso desesperado, profundo, intenso, salvaje. Un beso sin permiso ni miedo, un grito de «te encontré». Ella respondió igual, las lágrimas mezclándose en el beso, su cuerpo temblando contra el mío, sus manos aferradas a mi espalda. No había palabras, ni falta que hacían. Solo éramos nosotros, después de todo, después de tanto. Y supe, con certeza absoluta, que a quien osara separarnos de nuevo… no lo perdonaría.
El aire se volvió denso, cargado de electricidad y deseo contenido.