—¿A qué hora debes salir? —preguntó Cloe sentada a los pies de la cama mientras observaba a Fabrizio terminar de alistarse.
—A las cuatro.
Soltó un suspiro de resignación.
—Odio que tengas que irte —se quejó consciente de que parecía una chiquilla haciendo un berrinche.
Fabrizio se iba a ir a un viaje de negocios. Estaría fuera del país por una semana y para ella sería como una eternidad. Ni siquiera se había ido aun y ya lo estaba extrañando.
—Y a mí no me agrada la idea de dejarte. Me gustarí