Desde donde Bianca estaba, parecía que él podía caer en cualquier momento. Pero en realidad, había un escalón más detrás, un borde estrecho, una barandilla aún lo bastante cerca para sostenerse.
—Bianca, al fin viniste —murmuró Blake, con una sonrisa nostálgica extendiéndose en su rostro.
Para él, la preocupación frenética de Bianca era prueba de que todavía le importaba. Y saboreaba cada instante de ello.
—¡Blake, baja ahora! El viento es fuerte, ¡esto es peligroso! —exclamó ella, avanzando mientras su vestido se agitaba con las ráfagas feroces.
Pero Blake solo negó con la cabeza.
—Te equivocas.
—La que está en peligro eres tú. —Con un leve movimiento de sus dedos, dio la señal.
Eso fue suficiente.
Antes de que Bianca pudiera entender lo que ocurría, una figura salió de las sombras y la derribó contra el suelo. Una mano áspera cubrió su boca y nariz, presionando un paño con fuerza sobre su piel.
Un olor fuerte y amargo le llenó los pulmones. Su cuerpo se agitó en pánico, pero su fuer