Blake no se lo esperaba. En su mente, Reese seguía siendo la chica que lo adoraba, la que haría cualquier cosa si él encontraba las palabras adecuadas.
Pero ahora, su plan se desmoronaba.
—No, Reese, lo entiendes mal. Sigo siendo el mismo. No he cambiado —dijo, acercándose a ella.
En ese momento, la luna se escondió tras las nubes y Blake quedó envuelto en la oscuridad.
—Mírame —insistió, extendiendo la mano hacia ella—. No soy diferente a antes. La única diferencia es que ahora sé que eres tú a quien amo.
Reese retrocedió, esquivando su mano.
—No —susurró, con la voz cansada—. Ya no eres el Blake del que alguna vez me importé.
Ahora podía ver sus mentiras con claridad. Ese supuesto amor no era más que un modo de controlarla. La hacía sentirse pequeña, sin valor.
—Quizá sea ingenua, pero sé qué tipo de persona quiero en mi vida. —Respiró hondo, lo miró fijamente y dijo con firmeza—: Alguna vez me gustaste, pero el hombre que eres ahora me repugna.
El rostro de Blake se oscureció ante