Blake no se lo esperaba. En su mente, Reese seguía siendo la chica que lo adoraba, la que haría cualquier cosa si él encontraba las palabras adecuadas.
Pero ahora, su plan se desmoronaba.
—No, Reese, lo entiendes mal. Sigo siendo el mismo. No he cambiado —dijo, acercándose a ella.
En ese momento, la luna se escondió tras las nubes y Blake quedó envuelto en la oscuridad.
—Mírame —insistió, extendiendo la mano hacia ella—. No soy diferente a antes. La única diferencia es que ahora sé que eres tú