El rostro de Leonel se volvió serio, con un leve rubor en las mejillas.
—Jamás —respondió sin dudar.
—No me importa tu pasado —contestó Reese, inclinando la cabeza para mirarlo. Sus ojos le recordaban al cielo nocturno, infinitos y llenos de promesas—. Pero desde ahora, voy a vigilarte muy de cerca.
Le dio un ligero golpe en el brazo, y con un tono juguetón lo provocó:
—Nada de juegos, Leonel. Ahora eres mi novio. Y para que lo sepas… soy celosa.
Sus palabras sonaban casuales, pero en su mirada había una advertencia seria. Quería su tranquilidad, una señal del futuro que podrían compartir.
Bianca siempre había sido su ejemplo, alguien que le demostró que el amor podía perdurar. Reese deseaba algo igual de fuerte.
El aire se le atascó en la garganta a Leonel, su cuerpo temblaba como si no estuviera seguro de haberla escuchado bien.
“¡Eres mi novio ahora!” Esa frase resonaba en su cabeza, inundándolo de alegría.
—¿Quieres decir… que serás mi novia? —preguntó confundido.
Él se había imag