En ese momento, Reese soltó un estornudo suave. Bianca no lo dudó ni un segundo y se quitó el abrigo para colocárselo sobre los hombros.
—El clima cambió de repente. No estás vestida para esto. Vamos a mi casa para que te cambies por algo más abrigado —dijo Bianca, visiblemente preocupada.
No tenía idea de que ese gesto tan simple terminaría causándole problemas más adelante.
Cuando Reese salió del departamento de Bianca más tarde, iba abrigada y con una expresión llena de gratitud.
—Gracias, B