La larga ausencia de Brady solo había aumentado la distancia entre ellos. La confianza no era algo fácil de recuperar.
Aun así, Blake necesitaba su poder. Por ahora, no le quedaba más remedio que aceptarlo.
Los guardaespaldas empezaron a empujar su silla de ruedas hacia la sala de espera.
Pero tras solo unos pasos, Blake se detuvo.
A unos metros frente a él, vio a alguien que reconoció al instante.
Era Reese.
—Deténganse —les dijo a los guardaespaldas. Ellos se detuvieron justo frente a ella.
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