Mientras tanto, Sophia, algo sonrojada por el alcohol, fue llevada hasta su casa por Nicolas. Ese leve rubor en sus mejillas la hacía lucir aún más encantadora.
Durante todo el trayecto, Nicolas la miraba de reojo, como si quisiera decirle algo, pero guardaba silencio.
Cuando llegaron al elegante edificio donde vivía Sophia, Nicolas estaba a punto de abrir la puerta para que ella bajara, cuando algo afuera llamó su atención y lo dejó paralizado.
Sophia tampoco se apresuró a bajarse. Se giró par