Lucía acababa de terminar de cenar con Tamara cuando recibió una llamada de Rosa.
Al otro lado del teléfono, Rosa soltó un resoplido entre dientes.
—Mocosa, tengo que admitir que te subestimé.
Una mocosa que no tenía nada ni a nadie detrás había armado semejante escándalo ese día.
La polémica había crecido hasta tal punto que ni siquiera ella, trabajando junto con la familia Torres, había conseguido contenerla.
Al escuchar la voz de Rosa, Lucía soltó una risita desdeñosa.
—¿Que la señora Gonzále