La aduana acababa de informarles que sus productos ya no podían entrar en Yurania, y ahora todos sus socios comerciales estaban llamando para decir que, si no podían seguir suministrándoles mercancía, iban a demandarlos.
Habían descubierto todo tan rápido que Rosa no se habría creído ni ella misma que no hubiera alguien moviendo los hilos detrás.
Esteban asintió con el rostro sombrío.
—Sí. Todos dicen que, si no podemos cumplir con los contratos, exigirán que paguemos las correspondientes indemn