Han pasado ya veintiocho años completos desde aquella noche interminable, bajo una lluvia que parecía querer borrar hasta sus propias huellas, cuando el mundo entero les dio la espalda y todo parecía perdido sin retorno. Veintiocho años: más de diez mil días y noches de lucha callada, de abrazos que curaron heridas que parecían eternas, de caer y levantarse una y otra vez, hasta transformar aquel dolor profundo en una luz que hoy llega a los rincones más lejanos y olvidados. El tiempo ha pasado