Lucía tardó casi una semana en revelar las fotografías del viaje a Samaná. Cuando por fin recibió los sobres, pasó la tarde entera revisándolos sobre la mesa del comedor. Algunas imágenes estaban movidas, otras demasiado oscuras y había una en la que prácticamente había fotografiado su propio dedo. Pero también encontró varias que le encantaron.
Una playa casi vacía al amanecer.
Un pescador empujando una pequeña embarcación.
Una niña corriendo detrás de unas aves.
Y una fotografía de Andrés cay