Sinceramente, aunque ella hubiera querido ir a gritarle un poco más, él habría aceptado. Le habría servido algo de comer. Cualquier cosa con tal de verla. Aunque le doliera. Ya estaba sufriendo más de lo que jamás hubiera imaginado.
—Javier, necesito hablar contigo, ¿sí? No puedo decírtelo por teléfono.
Su corazón volvió a latir a toda velocidad, como si no supiera a qué velocidad debía ir. ¿Había decidido perdonarlo? ¿De verdad podía tener tanta suerte? ¿Y cuánto duraría? Había un hecho indiscu